sábado, 13 de diciembre de 2014

2014

Ya es diciembre y hay que ver lo corto que se me ha hecho este año. Curioso, porque no será porque no hayan pasado cosas importantes, no será porque mi vida no haya cambiado, no haya dado giros. Puedo decir que ha sido un buen año.

En realidad lo digo con la boca pequeña porque automáticamente me acuerdo de que la persona a la que más quería, quiero y querré no ha estado conmigo este año, ni lo estará ninguno más. Y le echo tanto de menos... que ningún año volverá a ser realmente bueno. 
Así que 2014 ha sido bueno, sin más. 

Tengo la manía de definir siempre un determinado tiempo como bueno o como malo en relación al amor, y reflexionando un poco he llegado a la conclusión de que es de la única forma que merece la pena hacerlo. Tampoco me voy a poner a argumentarlo porque me podría tirar siglos, por lo que me voy a limitar a escribir mis mierdas -esas que a nadie le importan- y listo. 

Giro 1: abril. Culmen del caos emocional que llevaba arrastrando meses. Me cargué la "vida perfecta" que llevaba hasta el momento al despedirme de la única persona que hasta ahora me ha querido -o eso creo- de verdad. Muchos dicen que soy tonta por haber hecho lo que hice, pero lo cierto es que es lo único que podía hacer, no sé ir en contra de mis sentimientos por mucho que intente hacer caso siempre a mi cabeza. 
Tras acabar con todo, me sentí tan bien. Tan libre...

Giro 2: mayo. No podía ser sino en mayo cuando volviese a ilusionarme. Tal como hace años empecé con ese chico que tanto quería, aquel que nunca dejé de tener presente y de desear, así volvió a pasar. Volvió. 
En este punto empezó una contradicción que todavía me sigue atormentando. Adoro ser libre, ser mía, no depender de nadie, hacer lo que quiero sin tener que rendir cuentas a nadie, pero por otra parte siempre llega a tu vida alguien que te hace querer esa estabilidad emocional, ese querer amar a alguien por encima de todo y para siempre. Por eso fue tan difícil para mí tomar una decisión cuando volvió. Al principio me quería decantar por la primera opción e intenté alejarle de mí, pero con él eso era imposible -como siempre lo ha sido- y cada vez me enganchaba más y más. Qué estupidez pensar que no iba a caer cuando fue la razón principal por la que tiré todo lo que había construido durante dos años con otra persona a la mierda. Cuando era a quien amaba con toda mi jodida alma. 
Acabé por mandar a la mierda a mi cabeza, a pensar en lo que me convenía y a pensar en general, y me tiré a la piscina. Y no me fue nada mal. He pasado un buenísimo verano junto a él, hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan feliz. Encontré estando a su lado el equilibrio perfecto entre libertad y el deseo de estabilidad. 
Joder, me frustra no poder transmitir lo puto feliz que he sido o lo puto feliz que él me hizo. 
Llegó agosto y una parte venció a la otra. Cada vez deseaba más comenzar algo serio con él, tenerle solo para mí y para siempre. Pero a la vez lo veía cada vez más imposible porque veía que él no sentía lo mismo -nada raro- así que acabé por mentalizarme de que eso jamás ocurriría y de que, por otra parte, me convenía; si llegase a ocurrir, no tenía la suficiente confianza en él como para estar a gusto en un futuro. 
Así que continué como hasta el momento, aunque se me hacía cada vez más difícil.

Giro 3: septiembre. Empecé la universidad. Todo se volvió nuevo de repente, otra rutina, otro... todo. Nuevas amistades... Empecé ignorando a todo eso que me decían de que iba a conocer a una persona especial blablabla dejad-de-tocarme-la-moral-bc-estoy-enamorada-callaos-que-no-tenéis-ni-idea-de-la vida. 
Y poco a poco tuve que irles dando la razón. 
Pasaron cosas que jamás me hubiese imaginado que pudiesen llegar a pasar. Tuve la oportunidad de poder estar con la persona con la que he querido estar siempre y de repente... y de repente ya no quería. 
O sea... el mayor deseo que tenía desde hacía años va y desaparece. Sin más.
ES SURREAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALLLLLLLLLLLLLL
Parece como si hubiese estado hechizada todos estos años y hubiese vuelto en mí ahora. Eso, o simplemente -aunque suene duro decirlo y me sienta estúpida- necesitaba probar, estar con él, convivir con él para darme cuenta de la realidad; era más obsesión que otra cosa. Más obsesión que... amor. 
Además esta vez no ha sido igual que la primera. La primera vez busqué volver a enamorarme, busqué a otra persona que me hiciese olvidar. Ahora no, ahora que ya estaba en el camino, que quería evitaba salirme de él, ignorar a todo el que intentase interponerse porque NO quería olvidarle, ahora que en el fondo me había propuesto luchar por él hasta el final... llega otra persona. 
Empecé a hablar con un chico. Mucho. Me gustaba mucho hablar con él; por un lado por los temas, porque al no conocernos de nada podíamos hablar de mil cosas -me ahorro fangirleos varios- y por otro lado porque me escuchaba. Alguien escuchándome. Wow. No es para nada similar al tipo de chicos que me suelen atraer, pero no sé, cada vez me sentía más a gusto con él y...

Giro 4: noviembre. ... llegó un punto -un punto una mañana del día catorce- en el que me di cuenta de que me gustaba de verdad. Y, como ya tenía experiencia en esto de mandar todas mis "vidas perfectas" a la mierda, lo volví a hacer. Pero esta era mucho más importante. Y me lo pensé bien poco. Y no entiendo todavía cómo me costó tan poco tomar esa decisión.
Solo sé que, al igual que la primera vez, me sentí tan bien y tan libre. 
Me di cuenta de que me había librado de una vez por todas del jodido enamoramiento y de que ahora sí que podía ser yo, de que era libre DE VERDAD. A partir de ese momento podía empezar de cero porque me había librado de todas y cada una de las cadenas que me habían tenido siempre encadenada al pasado. 
Y en el momento de mirar al frente me encuentro que estoy a solas con... él. Ha sido como la luz al final del túnel, porque lo cierto es que toda esa felicidad que tenía desde mayo tenía un trasfondo oscuro, triste, que cada vez me iba haciendo más y más pequeña, trasfondo del que odio admitir su existencia por orgullo. Estaba machacada emocionalmente, y fue cuando llegó él cuando empecé a valorarme de nuevo. 
A veces a una le gusta e incluso necesita que le digan las virtudes que tiene y no que le recuerden siempre sus defectos.
Y diréis, ¿no sigue siendo el mismo giro que el tercero? Pues no. La cosa está en que, vale, me empezó a gustar. Gustar mola, está bien, es bah, es viva la vida, no me rayo, no problemo. Pero desde ese punto que había dicho, el gustar -que  lleva dentro miles de matices, véase que me pone de una manera sobrehumana- ha ido incrementando más. 
NO PUEDO DEJAR DE PENSAR EN ÉL NI UN PUTO MOMENTO DE MI JODIDA E INSIGNIFICANTE EXISTENCIA. 
Así que llamad a eso como queráis, pero yo considero que eso ya no es gustar así a secas. Yo prefiero no ponerle nombre, porque el nombre que se le suele dar me da un miedo espantoso. Y tampoco creo que sea eso... O en parte no quiero que lo sea. 
En el fondo es un empezar de cero cerísimo, cosa a la que no estoy acostumbrada y que de momento me gusta. Mucho. MUCHÍSIMO. 

Estamos en diciembre y me pregunto si este mes me tiene preparada alguna sorpresa. Algún otro giro en mi vida. Al pensar en qué tipo de giro me gustaría, vuelvo a la contradicción... y cada vez me tira más la estabilidad. Pero prefiero no ilusionarme, no tener esperanza, no pensar y dejarme llevar; así se sufre menos y se vive más.

lunes, 21 de julio de 2014

Suma y sigue

Cuando estoy sin ti me vuelvo loca.
Cuando estoy contigo me vuelvo loca. 
[inserte una yo desquiciada]

martes, 23 de julio de 2013

Tren.

Sube al tren. Está vacío. El dolor de cabeza vuelve a acechar. Entierra la cabeza en las manos y respira hondo. Mira el letrero para ver si se ha equivocado aunque le da igual, solo quiere irse de esa maldita ciudad cuanto antes. Nada, no se mueve. Empieza a subir gente. Examina sus caras; un hombre trajeado y maleta le echa una mirada y se sienta. Dos chicas muy bien arregladas entran riéndose, se las ve felices. Piensa en cómo debe de estar ella en esos momentos, piensa en el tiempo que se ha pasado arreglándose también y en lo arruinado que ha quedado todo, pero nada es comparable a lo destrozado que tiene el corazón. Suspira. Se le empañan los ojos. Aprieta los puños, ¿qué diablos le pasa a este jodido tren? Por fin entra en marcha. Se cierran las puertas. Tres paradas. Sabe que no tardará en explotar, que en cuanto caiga la primera lágrima no podrá parar. "Tengo que ser fuerte, odio llorar en público, no, aquí no." Hace calor. Se toquetea un mechón de su rubio cabello mientras mira por la ventana. Otra vez la estúpida lágrima. Echa la cabeza hacia atrás y se recoge el pelo hacia un lado. Y entonces lo recuerda. Roza levemente su cuello con la punta de sus dedos y comienza lo inevitable. El tren para. Se abren las puertas. Llora. Vuelve a enterrar la cabeza en sus manos y solloza demasiado alto. "No, mantén la puta compostura." Se seca un poco los ojos, que salen negros de rímmel y pone la mejor cara de mala hostia que puede. Esas personas no la van a ver llorar. Saca el móvil y se aferra fuertemente a él. Recuerdos, otra vez. Contiene el impulso de lanzárselo a una de las chicas que ha dejado de reír y ahora la mira fijamente con cara de lástima. Sigue mirando por la ventana. Por fin llega a su parada y sale disparada del tren. Solo tiene una cosa en mente: él. Baja corriendo las escaleras mecánicas mientras se siente lo más despreciable que puede. Llora. Está ahí. Pica el billete y sale disparada a sus brazos sin antes ver su cara. Dolor, decepción, odio, rabia, lástima, amor. Le aprieta fuerte contra sí. "Lo siento." Él la acaricia y la consuela diciendo que ya está, que todo va bien. No para de llorar. Duele. Duele mucho, el dolor es casi insoportable, le cuesta tanto mantenerse en pie... Pero está con él. Está a salvo. "Te quiero." "Te juro que no me separaré de ti nunca."